24 de marzo de 2015

No podemos pagar con la misma moneda




   El pasado sábado, 14 de marzo de 2015, los y las participantes de Enlace tuvimos la oportunidad de recibir una lección de Derecho Penal con el Lcdo. Guillermo Rebollo Gil. Este discutió con nosotros temas de sumo interés como los derechos de los acusados y pudimos analizar un caso penal contra un menor. En la tarde, pudimos reflexionar puntualmente sobre derechos de los acusados tales como la protección contra registros y allanamientos irrazonables, la prohibición de la doble exposición, el derecho a juicio por jurado, el derecho a asistencia de abogado, el derecho a no autoincriminarse, entre otros. Finalmente pudimos hablar de la prohibición de la pena de muerte en Puerto Rico y vimos un documental sobre condenados a la pena de muerte en los Estados Unidos. A raíz de estas discusiones y del documental presentado, el compañero Omar J. Negrón Ocasio, participante de esta edición de Primavera 2015 de Enlace con escuelas públicas, compartió la siguiente reflexión.




No a la pena de muerte


   La pena de muerte, también conocida como pena capital, consiste en ejecutar a un condenado por parte del Estado o Gobierno, como castigo por un delito o crimen. La pena de muerte ha sido empleada por diferentes sociedades en un momento u otro de la historia, ya sea por razones de religión, asesinatos, traición, entre otros. A pesar de todo dato histórico o argumento razonable, no hay forma de cambiar mi postura. La pena de muerte no puede servir como castigo a un delito. No puede servir como tal porque viola el derecho a la vida, da un ejemplo erróneo de solución y, en cierto modo, el acusado sufre una doble condena.

   La pena de muerte viola el derecho natural de una persona a la vida, derecho proclamado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esto hace que la pena de muerte se convierta en la negación más extrema de los derechos humanos. Nadie tiene derecho a quitarle la vida a otro ser humano, lo que implica que el Estado o Gobierno tampoco debería tener el derecho de quitarle la vida a un ser humano. El Gobierno degrada la dignidad de un ser humano al ser este quien decide cuándo la vida del acusado va a terminar. El futuro de la vida de un ser humano no puede ser determinado por nada ni nadie. Existen leyes, normas y castigos para mantener la sociedad balanceada, pero nadie debe determinar cómo, cuándo y dónde un ser humano debe morir. En términos generales, la vida es el derecho primordial de un ser humano.


   La pena de muerte establece un acto de violencia llevado a cabo por el Gobierno, lo que da un ejemplo erróneo sobre la solución a un problema. Mucha gente pensará: “Si mató a alguien, que lo maten también.”, pero eso no puede ser así. No podemos combatir violencia con violencia o, en este caso, muerte con muerte. El Estado no debe ser modelo de esto; no puede dar un ejemplo erróneo. Quizás la familia de la víctima desea la muerte para el acusado por el daño que les hicieron al arrebatarles un ser querido, abusar de un niño, violar a otro ser humano; pero no piensan en el daño que de igual forma causarían a la familia del acusado. Ningún familiar debe sufrir independientemente de que sea familia de la víctima o del victimario. No importa cuál sea el caso, la razón, la consecuencia o la gravedad de un delito, no podemos castigar con muerte al acusado. No podemos dar el ejemplo de que podemos alivianar o eliminar el dolor o sufrimiento de un ser humano con la muerte del que lo provocó. Estaríamos diciendo que estamos a favor de maltratar, abusar y denigrar a otro ser humano, a favor del “ojo por ojo”, pero que no lo hagan con nosotros. Simplemente no podemos pagar con la misma moneda.

   La pena de muerte es una doble condena al ser humano que violenta su dignidad, lo degrada, lo maltrata y lo destruye antes de ser fusilado por el Estado, en representación “del Pueblo”. Las personas que están de acuerdo con la pena de muerte defienden que es justo compensar la víctima con la muerte del victimario. Si admitimos esto, la pena de muerte no es una buena opción; impone un doble castigo o condena degradante al ser humano que será fusilado. Las personas que serán ejecutadas crean un miedo devastador que se les hace sentir durante todo el tiempo previo a su fusilamiento es una pena más terrible y suficiente que la muerte. Los condenados no tienen vida propia, todo pasa fuera de ellos. Lo obligan a hacer múltiples cosas sin su consentimiento, incluso, a comer. Solo imaginen una condena de este tipo a alguien inocente; sería devastador.

   La pena de muerte es el castigo más cruel, inhumano y degradante que se le puede aplicar a un ser humano. Nunca debe haber una justificación para el trato cruel a un ser humano, sin importar que sea más criminal y horrible ser humano de este mundo. No podemos defender unos derechos como nuestros cuando queremos eliminar el derecho de otros. No podemos ser miembros de una sociedad que defienda la pena de muerte como un “mal necesario”.

-Omar J. Negrón Ocasio
Estudiante Participante Enlace Primavera 2015

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